La “Autoridad” de los católicos


Papa Nazi

Las fechas navideñas suscitan, por parte de la Iglesia Católica, un sinfín de declaraciones cargadas de buenas intenciones y bendiciones. En fin, son los discursos de rigor que uno escucha con el convencimiento de no encontrar nada demasiado novedoso, más que buenos deseos.

Pero los dichos de los altos grados eclesiásticos siempre son una fuente interesante de ideas, para quienes logran sortear la ingenuidad de las palabras y de las aparentes buenas intenciones. Detrás de las típicas frases: “feliz Navidad” “…que el amor del Niño Jesús…” hay algunos posicionamientos sobre temas sociales (y por ende políticos) que debemos saber leer.

Estas fiestas no fueron la excepción para la fantástica aparición de los popes eclesiásticos. Y como no podía ser de otra manera, como quien no quiere la cosa, manifestaron su “preocupación” por la situación social del país. Entre otras cosas dijeron:   “se necesitan dirigentes honestos y servidores”. “…de lo contrario, la sociedad argentina seguirá autodestruyéndose por la injusticia, la violencia y la droga”. Además manifestaron su preocupación por: “…el drama de la droga, la pobreza, la desocupación y la marginalidad”. Una verdadera clase de “sensibilidad social”, con la que todos podríamos estar de acuerdo

¿Está mal que una institución o un sujeto exprese con libertad sus opiniones y se pronuncie sobre temas de actualidad? De ninguna manera, esa proscripción es tarea de los inquisidores. Pero en el caso de los jerarcas eclesiásticos, llama poderosamente la atención la capacidad que tienen para tragarse 2000 años de historia, es como si quisieran ubicarnos en un escenario ahistórico, como si nadie (ni siquiera ellos mismos) conociera su pasado inquisidor, oscurantista y violento.

Por lo tanto, no es el derecho a opinar lo cuestionable, sino, la autoridad moral, la mayor de todas las autoridades. En este sentido, no está demás recordar, que la historia de la Iglesia Católica es poco más que un Catálogo de atrocidades. No es necesario que nos remontemos a la Edad Media para acercarnos a la barbarie católica, lo que más condena al catolicismo es su historia reciente.

Es repúgnate que algún Cardenal u Obispo se coloque en el papel de fiscal acusador de algún gobierno (por lo general progresista), es indignante que se escandalicen de la pobreza y de otros males, cuando ellos fueron furiosos cómplices de los regímenes que generaron esos males. Hace pocos meses, la Iglesia Católica hondureña sacó un comunicado en el cual manifestaban su apoyo al gobierno de facto, dejando en claro que el carácter fascista del catolicismo sigue vigente en el siglo actual.

La Inquisición, la caza de esclavos en África, la caza de brujas, las cruzadas en contra de los musulmanes, la conquista de América, el nazismo, el franquismo, las dictaduras latinoamericanas, los gobiernos más conservadores y retrógrados, etc, etc. han sido “brillantes hazañas” en las que la Iglesia ha sido activa participante y cómplice.

¿Puede una institución marcar una postura sobre temas diversos? Claro que sí. ¿Puede una institución con semejante prontuario, lleno de intolerancia y violencia decirnos qué es lo que tenemos que hacer? La respuesta es suya, y no por obvia deja de ser necesaria.

 

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