Algunas cosas se van aclarando.


Militar en la calle

En un post anterior planteaba las dudas que me surgían con respecto  a las propuestas (o a la falta de ellas) de la oposición política. Y planteaba la necesidad de poder leer  entre líneas los lineamientos programáticos que se van construyendo en el camino hacia el 2011. Entre tantos silencios intencionados encontré una noticia que me iluminó un poco, en el diario Elargentino.com apareció el siguiente artículo:

“Duhalde, Cobos y Menem piden un nuevo papel del Ejército

11-01-2010 / La participación de las fuerzas armadas en las tares de seguridad interior está vedada por ley, pero los ex presidentes Carlos Menem y Eduardo Duhalde quieren que intervengan. Chiche Duhalde y Julio Cobos quieren usar los cuarteles.”

Esta noticia deja en claro cuáles serían los lineamientos de un futuro gobierno de los que ahora son opositores, la línea es clara: Mano dura y militarización. No es casual que se use un tema extremadamente sensible para la sociedad, sobre todo para la clase media que lleva adelante un genuino reclamo por la seguridad ciudadana.

La demagogia de los sectores de la derecha sobre este tema siempre ha sido manifiesta, quizá porque sea un tema que se preste a ello. Proponer soluciones mágicas para terminar de una vez con la delincuencia siempre fue un efectivo slogan de campaña. Largar a las calles una especie de exterminador que “limpie” los barrios y devuelva el orden es una idea que por su simplicidad arraiga rápido y fácil en las mentes de una buena parte de la sociedad.

Pero como los magos y sus soluciones no existen, hay que decepcionar  a los que se ilusionan con las botas en la calle. Las estadisticas y los antecedentes de otros países (sobre todo los más desarrollados) indica que la delincuencia no se soluciona con “mano dura” y mucho menos con militares participando de la vida civil.

Nadie en su sano juicio puede estar de acuerdo con la puerta giratoria de las cárceles, las comisarías y los juzgados. Nadie que quiera vivir en democracia puede avalar el constante atropello de las normas y las leyes. Pero no por ello podemos permitir que la institución militar se extralimite en sus funciones. No debemos caer bajo los cantos de sirenas de la derecha, las soluciones mágicas tienen un alto costo que no deberíamos merecer pagar.

Lo buenos de que se den a luz estas propuestas es que parece ser que de a poco los dados van quedando en su lugar y cada uno va mostrando su verdadero rostro. Aunque todavía parece difícil que confiesen lo inconfesable: su proyecto para el país.

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