Una extraña manera de “ayudar”.


¿Es o se hace?

Julio Cobos ¿un patriota?

El vicepresidente que hemos sabido conseguir los argentinos es, por lo menos, un personaje curioso. Dejando de lado a quienes lo consideran un héroe (allá ellos),  nadie tiene muy en claro si es un brillante estratega, discípulo del gran Maquiavelo que cada día construye poder con sus hábiles alianzas; o si es simplemente un conspirador sin demasiadas luces, mimado por los medios amigos del poder económico, una derecha sin referentes potables y el gorilaje que forma parte de la habitual fauna nacional.

Esta duda no es menor, porque si sabemos responderla nos revelaremos algo mucho más profundo: ¿Julio Cobos es o se hace?

En declaraciones realizadas hace unos días atrás (que debemos escuchar o leer, aunque no tengamos a mano ningún tranquilizante para pasar el rato) el vicepresidente, sin ponerse colorado, dijo: “No hay ninguna mala fe, no hay ninguna intención conspirativa. Quiero ayudar a la Presidente a que termine su mandato” Y como sino fuera poca la desvergüenza siguió declarando y dijo que él era el primero en apoyar a la presidenta”.

“Ayudar” y “apoyar” son las dos palabras que usa para definir su relación con un gobierno del cual él es el principal opositor. ¿Cómo se entiende esto? ¿Habrá algún término psicológico, filosófico o político que pueda definir semejante extrañeza?        ¡Qué extraña manera tiene Cobos de ayudar y de apoyar! Ayudó al gobierno cuando votó en contra de la Resolución 125, beneficiando a los grandes terratenientes y perjudicando a los pequeños, además de darle un gran triunfo simbólico a la oposición más reaccionaria. Apoyó al ejecutivo cuando se opuso a la Ley de Medios, una ley que apunta a terminar con los monopolios mediáticos que se han cansado de chantajear, chantajean y chantajearán a los gobiernos democráticos. Apoya y ayuda todos los días al gobierno, reuniéndose con referentes opositores y preparando los nuevos pasos para oponerse a todo lo que salga del Ejecutivo.

Incluso hay fuertes rumores que indican que Cobos fue el mentor del desplante de Redrado y que en los días de conflicto mantuvo reuniones con varios referentes que trabajan duro para desgastar al Kirchnerismo en su camino hacia el 2011. En la última edición de la revista “Veintitrés” se publicó un artículo donde se afirma lo siguiente:

“El vicepresidente pasó un diciembre agitado. Su despacho, teléfono y auto oficial –beneficios de su cargo –estuvieron a disposición de un raíd que incluyó una docena de contactos reservados con lo más variado de la escena política doméstica. La agenda incluyó al presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti; el CEO del Grupo Clarín, Héctor Magnetto, y el entonces presidente del Banco Central, Martín Redrado. Con todos ellos compartió su deseo: “Voy a ser candidato en el 2011”. Y una preocupación: cómo hacer para que los Kirchner no lleguen en buena forma a esa fecha.”

Entre apoyos, ayudas y reuniones, Cobos se presenta ante la sociedad como un hombre bueno, común y “moderadísimo”, que sólo quiere el bien de la república y el respeto a las instituciones. El paquete discursivo perfecto que compra la clase media.  Curiosamente, este mismo papel fue el que jugó en la campaña aquel tristemente célebre presidente que tuvo que huir de la Casa Rosada por conservador e inepto.

Pero para ir terminando con este teatro de humor negro que nos ofrece este esmerado actor, quiero que lean lo que dijo a propósito de las denuncias de la Presidenta, donde lo indicaba como  partícipe de una conspiración: “Uno es un ser humano y tiene emociones. Estoy dolido”. ¿Un verdadero sentimental, no? No… por favor, no llore, ya tendrá mejores motivos para hacerlo.

En la política hay una infamia peor que mentir, robar o traicionar, es no sincerar el lugar desde el cual uno actúa. Esta falta de sinceridad es la que hace, por ejemplo, que la derecha argentina se avergüence de presentarse como tal y que la juegue de centro y se quiera comparar con Lula para lavarse la cara. Es la que reveló el innombrable patilludo riojano cuando dijo: “Si yo decía lo que iba a hacer no me votaba nadie”. Y es la que hace que Julio Cobos se mantenga en esa posición insostenible donde ayudar es trabar y donde apoyar es conspirar. Una verdadera muestra de cinismo político. Usted sabrá responderse la pregunta que quise develar al principio: ¿Es o se hace?

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