El aislacionismo del gobierno provocó el ultraje inglés.


Las críticas nunca pueden faltar

Si había algo que le faltaba a este gobierno es ser aislacionista. Con su política de excluir a la Argentina del mundo provocó no sólo el ultraje inglés, sino, además, que ninguna potencia ponga el pecho por nosotros. Resulta que todas las relaciones promovidas y/o fortalecidas en la región son aislacionistas. Resulta que la excelente relación con Brasil, Chile, Bolivia, Venezuela, etc. es una actitud aislacionista. Resulta que ahora Argentina provoca al mundo reactivando la industria bélica y amenaza a las potencias con atentados. Que el programa nuclear que llevamos adelante es puesto en tela de juicio por cuanta comisión de seguridad existe en la faz de la tierra. Resulta que nuestros diplomáticos son oradores de lengua larga e increpan a los países del planeta por ridiculeces dejando caer soberbiamente ironías de sus bocas. Resulta que Argentina ha decidido no pagar la deuda externa y eso nos llevó a la condena mundial ¡Por favor! No vamos a decir que la punta de lanza de este gobierno son las relaciones exteriores, pero tampoco podemos hablar de aislacionismo de un modo tan liviano.

Si hay un acierto incuestionable es la propuesta de unificar a todas las banderas políticas del país bajo una consigna que revindique la soberanía argentina sobre las aguas explotadas y así, contar con un apoyo masivo para enfrentar la dificultosa tarea de la reivindicación internacional. Pero no alcanza, se observa, para la oposición. A ésta no le basta con revindicar la soberanía, proponer proyectos de cómo interferir el desarrollo de la explotación y consensuar internamente para estar unificados a la hora de buscar apoyo internacional. Se ve que para algunos sujetos todo tema es una buena ocasión para sacar tajada política. Pero cabe la interrogación ¿Y ellos qué proponen? Porque argentinos somos todos.

La oposición, ese grupo tan heterogéneo de individuos que se homogeneiza a la hora de cuestionar al gobierno, esgrime críticas poco audaces en relación al tema y tristemente desafortunadas, ya que revelan las pretensiones ulteriores. Veamos. Oscar Aguad, el jefe de diputados por la UCR alega que “el gobierno privilegia las peleas internas a los intereses estratégicos de la Argentina”. Claro, Aguad, el mismo que fue acusado de administración fraudulenta en perjuicio del erario público. Para los desmemoriados: Aguad era interventor de Corrientes junto con Mestre mientras trascurría el año 2.000. Existió un préstamo de 60 millones de dólares a la provincia que tristemente no se sabe cuál fue su destino. Aguad, el mismo que participó activamente en el gobierno de de la Rúa que llevó al país a un desastre poco antes visto. Claro, pero ahora, ahora se siente en plena autoridad de dar cátedras de cómo gobernar. Continúa: “Protestar cualquiera protesta, pero como estamos aislados del mundo no tenemos amigos para que nos apoyen en la Naciones Unidas“. Y yo me pregunto ¿Protestar protesta cualquiera? ¿Realmente? ¿Cómo protestó el gobierno de de la Rúa a los pedidos de recorte fiscal para pagar la deuda externa? ¿Protestaron o acataron cual perro domesticado? Y sobre el tema ¿Qué relaciones fomentó mientras estaba en el partido que gobernaba el país? Esa idea de que estamos aislados ¿a qué se refiere exactamente? ¿Acaso la presidenta no vieja al extranjero conforme a como dicta la actividad de un mandatario presidencial acompañando a grupos de empresarios, realizando misiones de diplomacia o para obtener inversiones? Y me pregunto yo ¿El default (cese de pago de la deuda externa) dictado por el presidente Rodríguez Saa no fue causa de las malas políticas del gobierno de de la Rúa, gobierno del cual él era miembro activo y con papel protagónico? ¿Ese aislamiento económico que significa el default no es acaso el peor de los aislamientos? En fin.

Sobre tener amigos en Naciones Unidas voy a referirme en breve.

Luego afirma “hay que hacer lo mismo que hace Inglaterra. Cuando una empresa le reconoce a Inglaterra el derecho a licitar, le reconoce soberanía. Si licitamos y se presentan, nos reconocen soberanía“. Estas son las formas de soberanía de Oscar Aguad. Para ser dueños hay que entregar, o sea, subordina la soberanía a la parte económica.

Eduardo Amadeo (PJ-disidente) también criticó la política exterior del gobierno a la que, casualmente, también tildó de aislacionista (como si jugasen a repetir lo mismo): “no tenemos socios que nos defiendan“. Sin tener en cuenta los catedráticos que critican al gobierno, es decir, esos nombres repetidos que no hicieron las cosas bien en su momento y llevaron al país a las ruinas, es necesario detenerse en esa primitiva idea de querer tener de socios a quienes no nos necesitan. Creo que hay ciertos temas que debemos dar por entendidos de una vez y para siempre. Los países primermundistas, los europeos y el poderoso imperio del norte se friegan en Argentina y su soberanía. Sinceramente es incomprensible que haya destacados opositores que insisten en frotarle la espalda a las potencias del mundo y no se dan cuenta de lo vano del intento por caerles bien. Es hora de entender que somos latinoamericanos y que sólo en casa nos podremos sentir bien y encontraremos apoyo. Es hora de ya no mirar más hacia afuera, mirar hacia Europa y sentirse europeos. Ellos lo saben de antemano: entre Argentina y un país hermano europeo la decisión es automática. Los únicos socios que Argentina puede tener son los vecinos, los que han padecido las mismas penas que nosotros (dictaduras militares, gobiernos corruptos, pobreza, etc.), estos países que nacieron todos en el mismo siglo, comparten la historia y hasta los próceres en muchos casos. Los europeos tienen su historia y la comparten con sus vecinos (muchas veces de enfrentamientos y otras de hermandad) y los argentinos también tenemos nuestra historia, paro está en este suelo. Por eso, la única sociedad que puede tener un país primermundista con un país en vía de desarrollo es comercial. Un vínculo de beneficios económico que siempre acaba beneficiando a la potencia. Y sólo por ejemplificar, recordemos lo alabado que era Menem en los 90. Todos los países del primer mundo lo querían y adoraban sus políticas. Esas famosas “relaciones carnales” sólo se obtuvieron mediante el regalo del país a empresas multinacionales.

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