Y si lo dice el GAFI será cierto.


Cualquier bondi te viene bien.

Nota de La Nación

El GAFI dijo que Argentina es un país más aislado que antes. El GAFI se preocupa por el aislamiento de Argentina. La Argentina contrajo junto a otros países un compromiso internacional de cumplir ciertas leyes y requisitos dictados por el GAFI. Si no se cumple con el GAFI la imagen económica positiva de la Argentina puede descender. Seguro que ahora usted se está preguntando qué cosa es el GAFI. Es lógico.

GAFI: “El Grupo de Acción Financiera Internacional sobre el blanqueo de capitales (GAFI) es un organismo intergubernamental cuyo propósito es el desarrollo y la promoción de políticas, en los niveles nacional e internacional, para combatir el lavado de dinero y el financiamiento del terrorismo.”

Los veintinueve países y  gobiernos miembros del GAFI son: Argentina, Australia; Austria, Bélgica, Brasil, Canadá, Dinamarca, Finlandia, Francia, Alemania, Grecia, Hong Kong, China, Islandia, Irlanda, Italia, Japón, Luxemburgo, México, el Reino de Holanda, Nueva Zelandia, Noruega, Portugal, Singapur, España, Suecia, Suiza, Turquía, Reino Unido y Estados Unidos. Dos organizaciones internacionales son también miembros del GAFI: La Comisión Europea y el Consejo de Cooperación del Golfo.

Pero no sólo es eso el GAFI, sino, además, constituye un argumento esgrimido por el diario La Nación para embestir contra el Gobierno Nacional. En efecto, a los editores de La Nación cualquier pronunciamiento en contra del Gobierno les viene bien, sea del instituto que sea, tenga la credibilidad que tenga, diga verdad o mentira. Por eso, el GAFI se convierte de un don nadie en nuestra vida a ser un ente de reconocida trayectoria con suficiente poder para cuestionar y entrometerse en nuestro país.

Pero no sólo alcanza con citar las palabras de la entidad que se expresa contra el gobierno o sus políticas, sino que es necesario tergiversar la información para hacer la nota más pulsante y destructiva.

Como bien decíamos, el diario La Nación toma la intervención del GAFI para atacar al gobierno. Para ello titula su editorial “Otro síntoma de aislamiento” denotando una intención desmesurada por inclinar la opinión de sus lectores. Primero, utiliza la palabra “Otro” significando que no es el único suceso ocurrido que deja en aislamiento a la Argentina, sino que hay más. El problema con esto es que no los menciona cuáles son esos ‘otros’; emite un juicio al decir “Otro” aludiendo a una suma, llamémosle, de supuestas torpezas del Gobierno, pero no da los argumentos. Entonces, al no presentar los argumentes, no se puede debatir la información; lo que se dice se debe tomar como está; no hay razonamiento, sino, lineamiento. Luego, dice ‘síntoma’ insinuando que las ciencias sociales, puesto que el contenido de la Editorial va a hablar de política ‘aislacionista’, fuese una mera ciencia que se estudia y practica a través de los síntomas. Las únicas Ciencias que se estudian desde los síntomas son las naturales (y no siempre). Por el contrario, las Sociales están ligadas a factores más fluctuantes y que requieren una visión más ‘social’ de la realidad. La humanidad ya ha superado el tiempo en que se estudiaba a la sociedad como si fuese un organismo en el siglo XIX. Hoy se sabe que las relaciones entre sujetos o instituciones son flexibles y no se rigen por leyes implacables puesto que esas relaciones que se establecen obedecen a comportamientos ‘humanos’ y no ‘naturales’. Lo que se debe entender es que no se puede hablar de ‘síntomas’ porque lo que parece una cosa para alguien, será otra cosa para otro. Demos un ejemplo. El diario La Nación ha calificado de aislacionismo la desvinculación con el FMI (Fondo Monetario Internacional) calificando como nociva esta medida; sin embargo, desde una óptica diferente, dicha desvinculación permitió a la Argentina (como a Brasil, por ejemplo) iniciar un proceso de autonomía en materia económica y en cuestiones relacionadas con el pago de la deuda externa. Y esto está vinculado muchas veces con los fines y propósitos que persigue cada parte interesada. Posteriormente, habla de ‘aislamiento’ haciendo referencia a una cuestión muy difundida pero poco discutida. El asilamiento al que se intenta aludir en este título es algo así como “ser un país que está al borde del mundo y no se relaciona con nadie”. Digamos que no hay nada más alejado de la Argentina que esa afirmación. Pro sólo mencionar algunos ejemplos: integra el grupo de los 20, integra el Mercosur, integra el Unasur, miembro del FATF-GAFI, GAFISUD & LAVEX/CICAD/OEA, constantemente se participa en la fomentación para establecer acuerdos comerciales con otros países (China, Brasil, Chile, etc.). En fin, mi intención no es hacer una defensa de las relaciones exteriores de este Gobierno, pero hablar de aislacionismo es un atropello a la razón.

Párrafo a párrafo.

El reciente cuestionamiento del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) a la falta de autonomía del Banco Central de la República Argentina (BCRA) confirma no sólo una falla puntual en esta entidad, sino también un problema estructural de las instituciones argentinas. Representa, además, una señal de alerta sobre la poca eficacia del Gobierno en el control de un delito tan aberrante y peligroso para la economía nacional y global como el lavado de dinero.

La crítica puntual que se realiza es la falta de autonomía del Banco Central. Esto, a propósito del uso de reservas ara el pago de la deuda externa. Se supone que el Banco Central debe ser autónomo, pero la pregunta es ¿para qué debe ser autónomo? Bien, no hay una respuesta para ello, sólo es un precepto de economistas neoliberales sin mucho fundamento. Lo cierto es que un Banco Central de una nación no puede desligarse y desentenderse del proyecto de país que emprende el Poder ejecutivo ¿Cómo articular políticas monetarias y planes de préstamos si el Banco Central decide dar la espalda al Gobierno que intenta remontar la economía de un país? Seamos más severos. El Gobierno Nacional no intervino el Banco Central, todo lo contrario, sólo abogó para que esa Institución colabore con un compromiso que la Argentina adeuda desde viejos tiempos como es la deuda externa. Luego, asociar esta supuesta ‘falta de autonomía’ con el lavado del dinero es un disparate. El uso de reservas fue para el pago de deuda externa.

En el monitoreo de la conducta de varios países, la Argentina no se destaca por ser mejor que Bolivia y Paraguay en cuanto al manejo del dinero que financia el terrorismo, entre otras calamidades, como resultado de actividades ilícitas como el narcotráfico y el secuestro. Una evaluación negativa implica un encarecimiento del crédito.

En el párrafo siguiente cae en compararnos con nuestros países vecinos como si debiéramos ser mejores que ellos. Es alarmante como el diario sin recaudos asocia y da por sentado que tanto en Argentina, Bolivia y Paraguay hay lavado de dinero y ese lavado es ara financiar el terrorismo. No hay pruebas visibles de ello y de haberlas, se debería constatar que financian al terrorismo Es un hecho de mucha magnitud como para tomarlo tan a la ligera. Que el lavaje de dinero puede contribuir al terrorismo no significa que cada vez que se lave dinero sea para el terrorismo. Además, es muy significativo que entre los países monitoreados no esté EEUU que es el mayor consumidor de drogas del mundo y el país donde se realiza la mayor cantidad de lavado de dinero.

Es interesante ver cómo se horroriza la editorial del diario ante la posible evolución negativa y cómo eso repercutiría en el crédito argentino. Es llamativo porque no expresó tanta preocupación cuando de no hacerse el pago de la deuda externa la imagen caería y el crédito descenderían. Es más, La Nación era uno de los fieles defensores de Marín Redrado y las reservas intocables sin importar la imagen negativa que el no pago representaría. Esta actitud despierta la sensación de que la editorial está abogando por una imagen negativa de la Argentina.

La Argentina está al borde del precipicio. De caer un escalón más, ingresaría en la zona gris del GAFI, integrada por 20 países que no se encuentran en buena posición. Debajo de esa categoría está la lista negra, en la cual figuran países como Irán y Ecuador. Es casi seguro, en vista de la necesidad de mejorar la imagen de la economía argentina en general tras las recientes giras por Europa y Asia del ministro de Economía, Amado Boudou, que, esta vez, el Gobierno no puede jactarse ni ufanarse de ser mal visto por el GAFI. A ese extremo de necedad se ha llegado en otros tiempos del gobierno de los Kirchner con el dudoso afán de mostrar una independencia del mundo rayana en la estupidez.

Luego, la editorial comienza a predecir un apocalipsis y a incluir valoración personal y adjetivos que no hacen a la seriedad ni a la objetividad. En fin. Ingresaríamos en la lista gris de no cumplir con las normativas propuestas por el organismo. Qué extraño todo esto. Justo cuando Argentina comienza a ser un país económicamente más fuerte y más serio en el mundo nos cuasi acusan de financiar el terrorismo. Esa es la verdad. El GAFI nos interpela como miembros de una banda de narcotraficantes y financiadores del terrorismo (o por lo menos eso es lo que pretende demostrar el diario La Nación). Creo que es absurdo pensar eso ¿Qué pruebas hay de ello? ¿Cuáles son los documentos? Acusar gratuitamente a un país, a su gente, a una Nación entera es algo muy descortés por parte del GAFI. Lo cierto es que de incluir a Argentina en esta lista debe dar pruebas de un financiamiento del terrorismo y, la otra gran verdad es que la imagen argentina caería a nivel mundial. Tal vez ese es el último fin de este comunicado.

No es el caso porque, entre otros asuntos, el GAFI evalúa uno más delicado que las reacciones políticas de algunos países díscolos contra organismos multilaterales supuestamente odiosos, como el Fondo Monetario y el Banco Mundial. Se trata, aquí, según el mecanismo creado por los países industrializados en guerra abierta contra el lavado de dinero y sus miserables causas y consecuencias, de establecer parámetros de conducta frente a problemas que conciernen a todos los países, no a algunos en particular.

Luego, postula que el Gobierno se enfrentó con el FMI por necedad y que no podrá hacer lo mismo con el GAFI. Primero, Argentina debió enfrentarse con el FMI mucho antes. Recordemos que las recomendaciones del FMI eran realizar ajuste para salir de la crisis que se traducía en reducción de haberes, privatizaciones, etc. En hora buena nos enemistamos con el FMI. Por el contrario, el GAFI es el que acusa ahora y el que debe dar pruebas de lo que dice.

Las críticas se resumen en dos aspectos que no dejan de ser perceptibles, más allá de que siempre sea necesario probarlos: uno es la falta de mecanismos institucionales; el otro, la sospecha de corrupción. Es un elemento de preocupación del GAFI que el Gobierno haya despedido a Martín Redrado del BCRA por su decisión de oponerse al uso de reservas por decreto para pagar la deuda. De tratarse de un cambio metodológico, pudo haberse resuelto de otro modo en lugar de montar una riña política en la cual el más perjudicado terminó siendo el país.

Poco y nada mejoró el pálido desempeño del Banco Central la actuación de la Unidad de Información Financiera (UIF) a raíz de su escasa actividad, su estrechez presupuestaria y su mínimo aporte de pruebas a la Justicia. Son pocas las instancias en las cuales la Argentina tendrá ocasión de defenderse antes del plenario del GAFI, previsto para octubre en París. De no mediar cambios, el país podría ingresar en la lista gris. Es difícil que haya cambios, en verdad, dada la cantidad de recomendaciones clave no atendidas y el cumplimiento parcial de casi todas las otras.

Las críticas son burdas. Una, ya mencionada la falta de autonomía o destitución de Marín Redrado. Creo que un presidente de un Banco Central de un país que no quiere acompañar un proyecto debe dar un paso al costado. El gobierno optó por la formar más conveniente de resolver la situación. Podría haber enviado al Congreso el proyecto, pero seguramente iba a encontrar trabas como se traba todo lo enviado por el Ejecutivo. Ojalás hubiese estado el GAFI en la de´cada del 90 cuando se privatizó la República a un ponto risible con casos denunciados de corrupción.Cada vez que se dice corrupción hay que probarla, pero me da la sensación de que los organismo internacionales comienza la opereta de la corrupción cada vez que un país decide tomar las riendas políticas y económicas de su destino en su propias manos. Luego, en cuanto a tomar medidas concretas, no voy a hacer un recopilado de ellas, pero una acusación de esa envergadura no tiene sustento. Sólo en el 2009, a la UIF se le aumentó 10.000.000 millones de pesos en el presupuesto. El que quiera más información puede acceder a la página. http://www.uif.gov.ar/

Hasta ahora, la Argentina se ha mantenido alineada con los Estados Unidos en lo que a prevenciones contra el lavado de dinero se refiere, pero poca atención ha prestado a los sucesivos pedidos de Washington de medidas más drásticas que las que suelen aplicar países más cuestionados aún, como Venezuela, Paraguay, Bolivia y Ecuador, o incluso más autónomos, como Brasil.

Del GAFI, organismo intergubernamental con sede en París, forman parte la Argentina y otros 33 países. Es una pena que el gobierno kirchnerista haya descuidado su celo en esta materia y se encuentre ahora en una situación delicada. En 2006, el presidente del GAFI en persona felicitó al Gobierno por haber adaptado a su legislación las recomendaciones del organismo.

Dos años después, el proyecto oficial de ley de blanqueo de capitales despertó serias sospechas y motivó una dura carta con un pedido de explicaciones. Intervino en ese momento hasta el gobierno norteamericano. Es elemental que cualquier país soberano es libre de dictarse sus propias leyes, pero éstas no deben vulnerar compromisos internacionales ni facilitar delitos internacionales que, desde los atentados terroristas de 2001 contra las Torres Gemelas, son seguidos con lupa por el mundo entero, del cual, aunque parezca resistirse su gobierno, también forma parte la Argentina.

La Editorial finaliza emitiendo su opinión al respecto cargando la prosa de valoraciones, mentiras y no haciendo un análisis serio de lo que implica que un ente internacional nos acuse de algo así. Es que su fin no es analizar y reflexionar sobre el hecho, sino, ensuciar al Gobierno Nacional. Si mañana Argentina es considerada en la famosa lista gris, la editorial del diario La Nación lo sentirá como un triunfo y no como un hecho penoso para la Argentina.

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