Clarín y la Masacre de Avellaneda


El diario que titula según sus conveniencias.

"La crisis causó dos nuevas muertes"

El mismo diario, el mismo hecho, los mismos intereses, diferentes posturas. "La crisis causó dos nuevas muertes"

“La crisis causó dos nuevas muertes”

Trascurría el año 2002, por aquel entonces, el ex presidente Eduardo Duhalde y el grupo Clarín se debía favores mutuamente. Los intereses económicos de oligopolio y la hegemonía para construir la agenda mediática del Grupo Clarín no se encontraban en peligro, por lo tanto, como forma de devolver favores, desde la redacción del diario se adjudicó la responsabilidad de las muertes de Kosteki y Santillán a la crisis. Lo que se buscó por parte de “el gran diario argentino” fue desligar al ex presidente de cualquier responsabilidad política que pudieses tener. Para lograrlo utilizaron un mecanismo artero y ruin.

Concretamente: en la redacción del titular ubicaron en posición de sujeto de la oración un sustantivo –crisis– que no puede realizar acciones por sí sola. Del sustantivo crisis se pueden predicar diferentes adjetivos, pero jamás es causante de episodios como muertes. El problema es semántico. En todo caso, la crisis tiene causas y razones de existir (desempleo, pobreza, racismo, desigualdad, etc.) que conllevan a muertes. Cuando se pone a ‘la crisis’ como el sujeto de la oración lo que se está haciendo es desviar el foco de atención y esconder el verdadero responsable de las muertes.

El titular correcto hubiese sido:

“La policía causó 2 nuevas muertes”,

“Eduardo Duhalde causó 2 nuevas muertes”,

“2 nuevas muertes”,

“Más muertes”.

Se evidencia más nítidamente esta actitud por adjudicarle a la crisis la responsabilidad de las muertes en una cuestión que atañe concretamente a la labor periodística.

Se dice que la mejor manera de encabezar un titular (o una oración) es con las palabras más sensibles para el lector o las de mayor relevancia. Por ejemplo, muerte.

Si se trata de un episodio con un causante y este es famoso, debe ir al principio de la oración (“Charly atacó a un periodista”), si no es famoso, no va en el titular y luego va en el cuerpo de la noticia el responsable (“Ataques en el Conurbano”).

Si el episodio es una catástrofe y los números de muertes y heridos son muchos, va a al principio (“1.000 muertos en terremoto”).

Es decir, lo principal es ubicar al principio del titular (y de cada oración) la información más sensible, relevante y que más información brinde.

Sin embargo, el titular del 26/06/2002 va en contra de esta regla de ubicar al principio lo más relevante. En el lugar más importante del titular ubica a la crisis y no da ni información sobre el autor ni genera sensacionalismo puro, sólo trata de desligar al autor material (policías) y responsable político del hecho (Duhalde).

Hoy, por el contrario, su enfoque cambió sustancialmente. Hoy que existe un enfrentamiento con el Gobierno Nacional por la conocida Ley de Medios Audiovisuales que pondrá límites a las licencias, brindará información más variada y plural, generará una agenda mediática más variada, etc. el diario enfatiza en su titular la responsabilidad del Gobierno en el esclarecimiento de la Masacre de Avellaneda. El diario no tiene un interés verdadero en la resolución del doloroso episodio que acabaría con la muerte de Kosteki y Santillán, su fin último es desprestigiar al Gobierno Nacional y que con ello se desprestigien algunas medidas que perjudican sus intereses económicos y atetan contra el status quo.

Marcha por Kosteki y SantillánMarcha por Kosteki y Santillán

Arículo del 26/06/2002

OTRA VEZ LA VIOLENCIA: YA SON 31 LAS MUERTES DESDE LOS HECHOS DE DICIEMBRE QUE DERIVARON EN LA CAIDA DE DE LA RUA
Hubo dos muertos y más de veinte heridos en un choque entre policías y piqueteros

Grupos de manifestantes intentaron cortar el Puente Pueyrredón, en Avellaneda. La Policía bonaerense los reprimió. Dos jóvenes murieron baleados y todavía no se sabe quién los mató.


Walter Curia. DE LA REDACCION DE CLARIN.
La muerte de dos jóvenes de entre 21 y 23 años durante la protesta piquetera de ayer en Avellaneda incorpora el elemento trágico en los aún no cumplidos seis meses del gobierno de Duhalde.

Las imágenes en el puente Pueyrredón, en la estación Avellaneda y en el Hospital Fiorito remitieron inevitablemente a los episodios de diciembre pasado que dejaron 29 muertos y terminaron con el gobierno de Fernando de la Rúa. Desde entonces, y con los dos de ayer, ya son 31 las víctimas en la peor crisis, por su multiplicidad de factores, de la historia argentina.

Duhalde permaneció ayer desde las cinco de la tarde y hasta casi las nueve y media de la noche reunido con su gabinete en Olivos evaluando los hechos. Los funcionarios que fueron contactados por Clarín y que participaban del encuentro transmitían un doble sentimiento de consternación e incertidumbre.

En una conferencia de prensa al término de la reunión, el secretario de Seguridad Interior Juan José Alvarez manifestó el “pesar” del Gobierno por lo que calificó de “hechos gravísimos”.

En una reunión previa y más restringida en Olivos con el Presidente, de la que participaron Alvarez, el jefe de Gabinete Alfredo Atanasoff, y el titular de la la SIDE, Carlos Soria, se analizó el impacto que los episodios de ayer podrían tener en adelante sobre el explosivo cuadro social. Adelante es hoy: la CTA convocó a un paro de actividades y a una marcha a la Plaza de Mayo junto con el movimiento piquetero de la Corriente Clasista y Combativa.

“Es el comienzo de una escalada de violencia organizada”, resumió una alta fuente oficial. Se espera para hoy no menos de 2.000 policías en las calles.

Expuesto a mil frentes, y con un escenario social posbélico, el gobierno de Duhalde acaso mostraba hasta ayer como único rellano el mantenimiento de la paz social. Por eso Olivos transmitía una sensación de pérdida tan profunda.

La crónica de los hechos podría contarse desde las 10.30, cuando un número de manifestantes del Bloque Piquetero Nacional que según la Policía bonaerense no superó los 1.200 (otras fuentes hablaban de 2.000) se concentró en la bajada de Avellaneda del Puente Pueyrredón, en una protesta anunciada.

El Gobierno había difundido la noche del martes la información de que desplegaría en la zona unos 2.000 efectivos de la Policía Federal, la Gendarmería, la Prefectura y la Policía bonaerense para garantizar la libre circulación entre la Capital y la provincia. Una decisión que había sido adoptada hacía ya semanas.

El choque, algo después de las 12 del mediodía, entre policías bonaerenses y piqueteros remitió en el acto a aquella decisión oficial. Pero también a la tensión dentro del Gobierno y fuera de él en torno a la política de seguridad, en especial a ciertos rasgos de “permisividad”, según los sectores más críticos.

La decisión del Gobierno de impedir los cortes de los principales accesos a la Capital equivale, en efecto, a un endurecimiento objetivo de su política de seguridad.

Pero fuentes del Gobierno y de la gobernación bonaerense oponen a esta idea la aparición de un nuevo comportamiento de los manifestantes piqueteros, como encierra el término “escalada”. Es una lógica de trampa, en la que una posición genera y justifica la otra.

“Quienes manifestaron son otros”, dijo anoche Alvarez buscando reforzar ese análisis. El secretario de Seguridad también mencionó que “no había con quién negociar” entre los piqueteros, un ejercicio cotidiano en este tipo de manifestación de protesta. Y que los nuevos manifestantes actuaron ayer “de manera violenta e irracional”.

Hasta bien tarde anoche no había información sobre las circunstancias en que se produjeron las muertes. Sólo se sabe que los dos jóvenes murieron por impactos de bala, en la estación de trenes de Avellaneda, al menos a diez cuadras del lugar donde estallaron los incidentes.

La Policía bonaerense está en el centro de la sospechas, que aumentarán en la medida en que no se avance sobre una versión oficial de los hechos. La falta de información sólo crió fantasmas.

Una de las versiones hablaba de que los disparos podrían haber provenido de los propios piqueteros. Pero de los más de 170 detenidos (fueron todos liberados) que dejaron los incidentes no se incautó ninguna otra arma que no fuera improvisada.

El enfrentamiento derivó en una persecución de la Policía bonaerense sobre los manifestantes en un amplio radio en torno al centro de Avellaneda. Hubo una razzia frente a las cámaras de televisión, que incluyó la irrupción de la Policía en un local partidario de la Izquierda Unida. El diputado Luis Zamora y la legisladora porteña Vilma Ripoll sacaron a los empujones a un hombre de la infantería.

La Policía también hizo detenciones en el Hospital Fiorito, donde ingresaron 21 heridos, siete de los cuales de bala. El jefe del operativo policial, el comisario Alfredo Franchiotti, recibió dos trompadas en el rostro mientras hablaba con periodistas en la playa de ambulancias del hospital.

Una reacción espasmódica llevó a los partidos de izquierda a una convocatoria a la Plaza de Mayo que fue menor; otros grupos se concentraron en el Congreso. El centro de Buenos Aires era para el atardecer un sitio desolado.

Sin un proyecto colectivo, sin crédito y buscando consuelo de tontos en una región marginal del mundo, los episodios de ayer refuerzan la sensación de que Argentina vive un período de completo extravío, en el que lo peor todavía no ocurrió.

Fuente: Clarin.com

Artículo correspondiente al 26/06/2010

¿Te parece que armemos por acá?, le preguntaba Miguel a Sandra, anoche, debajo de uno de los brazos del puente Pueyrredón, en un sector iluminado por las luces del Bingo Avellaneda. Allí, a cincuenta metros de la sala de juego y debajo de la autopista, los piqueteros anti-K levantaban las carpas y preparaban ollas populares para la vigilia.

Un rito que cumple ocho años: cada 25 de junio las agrupaciones sociales y partidos de izquierda comparten la noche muy cerca de la estación de trenes de Avellaneda, donde el 26 de junio de 2002 la Policía asesinó a Maximiliano Kosteki y Darío Santillán.

Esta es la primera vez que los piqueteros tienen competencia. Las agrupaciones sociales kirchneristas harán hoy a las 14, también en el puente Pueyrredón, un acto para recordar a las víctimas. Los piqueteros, que marcharán a las 11 de la estación al puente y luego leerán un documento, pusieron el grito en el cielo. Ayer, durante las actividades culturales que se hicieron en la estación como parte del homenaje, se oyeron encendidas críticas al Gobierno.

“No nos van a doblar, no nos van a quebrar.

Queremos que caigan los autores intelectuales de las muertes de Darío y Maxi. Y este Gobierno, que se tilda de defensor de los derechos humanos, no hace nada porque tiene personajes siniestros, como Aníbal Fernández, que fueron responsables”, expresó Alberto Santillán, el papá de Darío.

Los partidos de izquierda repudiaron la iniciativa del oficialismo. “Nos vamos a ir del puente a la hora que terminemos. No hay ninguna coordinación. No los queremos. Esas agrupaciones forman parte de un Gobierno que es responsable de las muertes”, señaló Néstor Pitrola, referente del Partido Obrero.

El enfrentamiento no es nuevo, pero se agudizó en los últimos años porque una fracción del MTD Aníbal Verón, donde militaba Santillán, se acercó al Gobierno. Ese sector, comandado por Juan Cruz Daffunchio, organizó el acto de esta tarde junto con el Movimiento Evita y La Cámpora. Los anti-K los acusan de intentar opacar el homenaje con una movida que “es parte de la interna peronista”.

“Se vivirá un momento de tensión”, asumían los militantes con la mirada puesta en los actos. Es que en el documento se apuntará al poder político. A funcionarios que ya no están y a otros que aún responden a la Casa Rosada.

Ayer, en cambio, todo se desarrolló en paz. La estación Avellaneda tuvo actividades para todos los gustos. Proyección de películas, documentales, teatro al aire libre, recitales y funciones de títeres y talleres de pintura para los más chicos. A cien metros, los móviles policiales y una columna de 40 efectivos, permanecían en alerta. Pero no hubo ni un incidente.

Fuente: Clarín.com

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